domingo, 18 de abril de 2021

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Verdad trascendental
Los cuatro novísimos son los elementos últimos y decisivos que salen al encuentro con el hombre al final de la vida: muerte, juicio, infierno o paraiso, sin olvidar al purgatorio.

La muerte no se puede evitar.
En las realidades humanas es cierta la muerta, pero incierta la hora en que llega. La muerte no entiende de inteligencia, ni de fuerza, no respeta el rango ni la estirpe, no distingue la juventud, ni tiene en cuenta la edad: para los ancianos está a la puerta, para los jóvenes al acecho. Escribe San Gregorio: Oh vida presente, cuanto has engañado. Mientras pasas eres nada; mientras existes eres sombre; mientras eres exhaltada eres humo. Para los necios eres dulce, para los sabios amarga. Los que te aman no te conocen. Los que huyen de tí, te comprenden perfectamente. Nadie acoge la muerte con serenidad y delicia, sino quienes en la vida están preparados para la muerte con buenas obras.

Equidad del Juicio final.
Piensa con responsabilidad lo que será de tí en el último día, cuando la conciencia te atribuya malos pensamientos, cuando los elementos te acusen de tus acciones. Por una parte, serán los pecados los acusadores, por otra, la justicia bajo el horrendo caos del infierno, cuando llegue el Juicio justo. "Y si el justo se salva con fatigas, ¿dónde acabarán el impío y el pecador?" (1 Pe 4,18). ¿Qué será entonces de los razonamientos fátuos y ociosos, de las palabras ligeras, frívolas, de las obras vanas e infructuosas?. No borres nunca de tu mente la sentencia: "Apartáos de mí, malditos, al fuego eterno" (Mt 25, 41).

Terrible sentencia.
Ante el espectáculo de la gloria y de la felicidad que disfrutarán los elegidos, los condenados sentirán crecer su pena y su confusión. En su cuerpo aparecerán las señales de los pecados cometidos y los castigos que hayan merecido. Sonarán entonces aquellas palabras terribles: "Id, malditos, al fuego eterno", el alma y el cuerpo irán a morar con los demonios sin remedio ni esperanza: en aquel lugar cada cual llevará sus iniquidades. El ávaro arderá con sus pasiones por los tesoros de la tierra, el cuel con su crueldad, el inmundo con su inmundicia y miserable concupiscencia, el injusto con sus injusticias, el envidioso con la envidia, quién odia al prójimo con su odio. Los que hayan amado con amor desordenado - que provoca todos los males, porque junto con el orgullo, que es el principio de todos los vicios serán devorados por un fuego intolerable. (Decálogo, cap. XLII).

Penas del Infierno.
Los malvados serán separados de la comunidad de los justos y consignados al poder de los demonios. "Y estos irán al suplicio eterno" (Mt 25, 46); y allí estarán para siempre entre llantos y lamentos, lejos de las alegrías del Paraiso: no recibirán alivio alguno. Los condenados vivirán siempre sin esperanza de perdón ni de misericordia. Es tremendo el infierno pero lo es aun más el rostro airado del Juez: lo que sobrepasa todo terror y la lejanía eterna de la visión bienaventurada Trinidad. Ser privados de los bienes eternos y excluidos de los preparativos de Dios para los que le aman, causa tanta aflicción que, aunque no existiese ningún otro tormento exterior, esta pena bastaría por sí sola.

El Purgatorio
La tercera realidad escatológica es el Purgatorio. Su existencia está confirmada en la Bíblia, en 2 (Mac 12,43) y (1 Cor.12-15). Es una dimensión temporal de las almas que durará sólo hasta el Juicio Universal, antes de la resurrección de la carne. En el Purgatorio, las almas de los justos saldan sus deudas contraidas con la Justicia divina, experimentando penas purificadoras muy dolorosas. Está bien subrayar que la purificación del Purgatorio no se refiere a la culpabilidad, sino a la pena. Si el perdón divino concedido al alma arrepentida borra la culpa, no hace desaparecer la pena, y por medio de la expiación el hombre repara el desorden causado por sus pecados. Aquí el alma se somete a la pena bajo la forma de una purificación obligatoria.
El Concílio ecuménico de Florencia (1438-1445) define como verdad de fe no sólo la existencia del Purgatorio, sino también la posibilidad de que las almas purgantes puedan ser liberadas prematuramente, gracias a los sufragios de los fieles vivientes. También esta posibilidad tiene un fundamento bíblico: el sacrificio expiatorio que Judas Macabeo ofreció por la absolución de los muertos que habían pecado de idolatría (2 Mac 12,46) y la comunión mística con Cristo, sea en el bien o en el mal, de todos los hombres. El mismo San Juan Crisóstomo reitera y confirma la piadosa práctica. (Homilía sobre la primera carta a los Corintios 41,5).

Paraiso
El Paraiso es el amor eterno donde la sed de felicidad encuentra su perfecta saciedad. La alegría del Paraiso puede ser ya parcialmente experimentada en esta tierra cuando se está en intimidad con Jesús y en gracia de Dios, en las acciones y en las intenciones (1 Jn 15,11). La doctrina católica y la Bíblica enseñan que en el Paraiso existe una distinción de gloria, según el grado de santidad que cada cual ha alcanzado en la propia vida. Otro es el esplendor de San Francisco o de un mártir que ha derramado su sangre por amor a Dios, otro el de quien ha sido salvado por misericordioso.

La alegría Celestial
Corre, alma mía, no con pasos físicos, sino con el afecto y el deseo, porque te esperan, no sólo los ángeles y los santos, sino también el Señor y el Maestro de los ángeles y de los santos. Dios Padre te espera para constituirte heredero de todos los bienes y para hacerte partícipe de sus bondades y delicicias. Cuánto será el gozo del triunfo, todo cuanto has sufrido en la tierra se convertirá en júbilo eterno. Entonces con tus labios exultantes alabarás al Señor tu Dios por todas estas cosas diciendo: Tus misericordias, Señor, quiero cantar eternamente. Nada será más gozoso que este canto, que se elevará en alabanza a la gloria de Cristo, cuya sangre nos ha redimido. ¿Qué lengua puede decir, o qué mente puede comprender cuán sea el gozo de la ciudad sobrenatural, la alegría de participar con los coros angélicos, de formar parte de los santísimos espíritus celestiales, de la gloria del Creador y de no alejarse nunca de la compañía sumamente feliz de los bienaventurados; exultar siempre con ellos y de su alegría?. Allá el amor de los justos será gozoso y perfecto.
Solamente balbuceando es posible hacer eco de las realidades sublimes de Dios, y el corazón que se fija sólo una vez en las cosas celestiales comprende de inmediato que es nada lo que antes parecía sublime. Cuando llegues a aquel lugar entonces comenzarás, con el corazón rebosante de alegría, a decir con San Pedro: "Señor, qué bien se está aquí" (Mt 17, 4). Aquí están el padre, la madre, la hermana, el hermano: el ojo verá una belleza incomparable, el gusto experimentará un dulcísimo sabor. El olfato percibirá un perfume suave, el tacto abrazará la más deliciosa de las realidades, el oído se recreará en una armonía extraordinaria.
Quien podría narrar cuanta alegría, la admirable gloria, inefable alabanza que se experimentará, por haber dominado virilmente el propio cuerpo con el escudo de la castidad y de la continencia, por haber vencido al mundo, huyendo de las tentaciones.

El alma inmersa en la alegría celestial
Dio Dios Padre esta instrucción sobre el cielo a Santa María Magdalena de Pazzi: "Ve, hija mía, la diferencia que existe entre un hombre que bebe un vaso de agua y otro que se baña en el mar. Se dice del primero que el agua entra en él, porque ella entra en la boca y pasa por el estómago para refrescarlo, pero del segundo se dice que entra en el mar, porque la cantidad de agua que lo compone es tan grande que ejércitos enteros pueden entrar y perderse, sin que quede de ellos la más mínima huella. Así es para el alma. Las consolaciones que ella recibe en este mundo no hacen sino entrar en ella, como agua en un vaso muy pequeño. de modo que ella no puede recibirlo sino en una medida muy limitada. Él que dijo a una de tales almas: rebosa de dulzuras, deplorando la pequeñez de su vaso que no podría contener cuanta habría querido. Basta, Señor, basta. En el cielo se entra en la alegría del Señor, buceando en un océano sin fondo de dulzuras y de consuelos inefables, es decir, en Dios mismo, que será todo en todos. Dentro de vosotros, fuera de vosotros, sobre vosotros y alrededor de vosotros, ante vosotros y detrás de vosostros: todo será gozo, alegría, dulzura y consuelos, porque en todos lados encontraréis a Dios. "Erit Deus omnia in omnibus".(P. I, c. XYII).


lunes, 5 de abril de 2021


 


martes, 2 de marzo de 2021

 

Sin duda alguna que este inicio de año escolar será diferente. Las comunidades escolares tuvieron que diseñar un plan para el retorno, considerando distintas variables: sanitarias, de propósito educativo, y de solución a los requerimientos de las familias. Sabemos que en esta nueva etapa será necesario favorecer el diálogo para despejar la incertidumbre, por eso, aquí ponemos a tu disposición elementos para reflexionar y conversar junto a tus colegas y comunidad escolar.


 



Gracias por mi vocación a la enseñanza: concédeme ejercerla con amor, prudencia, sabiduría y paciencia

Señor:

Gracias por mi vocación a la enseñanza.
Concédeme ejercerla con amor,
prudencia, sabiduría y paciencia.

Ayúdame a ver a mis alumnos
con Tu mirada de misericordia
para sólo captar el bien en cada uno,
conocer sus cualidades,
alentar sus sueños y proyectos,
y enseñarlos con dulzura y firmeza
a corregir sus faltas y tropiezos.
Que sepa compartir sus alegrías,
comprender sus inquietudes
y consolar sus tristezas.

Maestro Bueno:

Haz que logre enseñarles a ser
constructores de justicia y de paz,
honestidad, fraternidad y perdón,
defensores de la vida y la verdad.

Que sepa compartirles la fe,
comunicarles esperanza,
animar su perseverancia y valentía,
alentar su caridad y alegría
y sembrar en su corazón la voluntad
de caminar Contigo y hacia Ti
dedicando sus dones y talentos
al servicio y al bien de los demás.

Amén


domingo, 29 de noviembre de 2020

 


Había una joven muy rica que tenía de todo: un marido maravilloso, hijos perfectos, un empleo que le daba muchísimo bien, una familia unida.

Lo extraño es que ella no conseguía valorar todo eso. El trabajo y los quehaceres le ocupaban todo el tiempo y su vida siempre estaba deficitaria en algún área.

Si el trabajo le consumía mucho tiempo, ella lo quitaba de los hijos, si surgían problemas, ella dejaba de lado al marido... Y así, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después. Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: Una flor carísima y rarísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo:

"Hija, esta flor te va a ayudar mucho, más de lo que te imaginas. Tan sólo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando, y a veces conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y esas maravillosas flores".

La joven quedó muy emocionada. A fin de cuentas, la flor era de una belleza sin igual. Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor. Ella llegaba a casa, miraba la flor y las flores todavía estaban allá, no mostraban señal de flaqueza o muerte, apenas estaban allá, lindas, perfumadas. Entonces ella pasaba de largo. Hasta que un día, sin más ni más, la flor murió. Ella llegó a casa y se llevó un disgusto. Estaba completamente muerta, su raíz estaba reseca, sus flores caídas y sus hojas amarillas. La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido.

Su padre entonces respondió: Yo ya me imaginaba que eso ocurriría, y no te puedo dar otra flor, porque no existe otra flor igual a esa. Ella era única, al igual que tus hijos, tu marido y tu familia. Todos son bendiciones que el Señor te dio, pero tú tienes que aprender a regarlas, podarlas y darles atención, pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren. Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada y te olvidaste de cuidarla.

¡Cuida a las personas que amas!

Acuérdate siempre de la flor, pues las bendiciones del Señor son como ella: Él nos da, pero nosotros tenemos que cuidar.




 El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. El oró fervientemente a Dios pidiéndole ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.

Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias.

Un día, tras merodear por la isla en busca de alimento, regresó a casa para encontrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido... lo había perdido todo. Quedó anonadado con tristeza y rabia.

"Dios: cómo me pudiste hacer esto a mi!" se lamentó.

Temprano al día siguiente, sin embargo, fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Había venido a rescatarlo.

¿Cómo supieron que estaba aquí?, preguntó el cansado hombre a sus salvadores.

"Vimos su señal de humo", contestaron ellos.

Es fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Pero no debemos desanimarnos, porque Dios trabaja en nuestras vidas, aún en medio del dolor, la incertidumbre y el sufrimiento.

¡Ten fe! Dios está contigo y te ayudará a salir adelante.


viernes, 27 de noviembre de 2020

 Una enfermera australiana experta en cuidados paliativos hizo una lista de los mayores remordimientos.

A partir de su trabajo, hace algún tiempo escribió un artículo que más tarde convirtió en libro, llamado “The Tope Regrets of the Dying” (Los 5 principales remordimientos de los moribundos).

En esta publicación se pone en evidencia que los pacientes terminales comparten sentimientos frente a la inminencia final y quizás lo más llamativo es que muchos en este tránsito consideran que hubieran hecho cosas diferentes durante sus vidas, las cuales podrían reunirse en grupos muy comunes.

Bajo esta base, escribió los cinco elementos que la gente más cambiaría, en caso de tener la oportunidad de volver a vivir.

“Quisiera haber hecho lo que quería y no lo que otros querían que hiciera”

Es el autorreproche que, según Bronnie, más ha escuchado, al punto que cuando la gente se da cuenta de que su vida está casi terminada y mira hacia atrás con lucidez, identifica sueños que quedaron truncados o muchos a medio terminar. Esto genera frustración, con el agravante de que la mayoría fueron por decisiones mal tomadas.

En otras palabras, la gente en esa situación piensa, dice Bronnie, que hubiera sido mejor no hacer lo que otros querían que hiciera. Por eso recomienda que la gente haga lo que quiere, bajo su propia voluntad.

“Ojalá no hubiera trabajado tanto”

El exceso de trabajo, dice la enfermera, pone a los pacientes en el momento de un balance en un franco desequilibrio con el disfrute de la vida.

Este remordimiento por excelencia es más habitual en los hombres, que llegan a lamentar profundamente haber empleado la mayor parte de su vida en rutinas laborales que les impidieron compartir más tiempo con los suyos, con sus hijos, con los amigos o con ellos mismos.

“No haber expresado mis sentimientos”

“Mucha gente reprime sus sentimientos para mantenerse en paz con los demás”, escribe la enfermera.

Y agrega que en esa condición se instalan en una existencia mediocre y nunca llegan a convertirse en lo que verdaderamente son capaces de hacer, lo que puede favorecer la aparición de enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento.

Así que con simpleza recomienda siempre expresar los sentimientos, lo más que se pueda.

“No haber dedicado tiempo a los amigos”

La poca dedicación de tiempo genuino a las amistades es otro de los arrepentimientos. Muchos han quedado tan atrapados en sus propias vidas que han dejado perder amistades a través de los años, dice Bronnie en su libro.

La profesional asegura haber visto una profunda amargura por no haber brindado a las amistades el tiempo y el esfuerzo que merecían y llama la atención por lo mucho que los moribundos extrañan a sus amigos en esa etapa.

“No haber sido más feliz”

“Haberme permitido ser más feliz” es un deseo común, pero frustrado, de las personas en fases terminales de la vida. Y según sostiene la experta, muchos no se dan cuenta hasta el final de que la felicidad es una lección y se quedan trabados en viejos patrones y hábitos.

Por lo general, el miedo al cambio los lleva a fingir ante los demás y ante sí mismos que son felices, “cuando en su interior ansiaban poder reírse con ganas y poder tomarse la vida con más humor”, asegura.

A manera de conclusión, con este libro Bronnie Ware pretende compartir sus observaciones para ahorrarle a la gente la frustración de comprender el valor las cosas cuando ya no hay tiempo para enmendar errores y llenar los vacíos que le ha dejado la vida.





lunes, 28 de septiembre de 2020

 "Si no escalas la montaña, jamas podrás disfrutar del paisaje"

- Pablo Neruda



















 ¿Qué requiere un maestr@ en tiempos difíciles? 🌟📚🧑🏽‍💻🍎❤️







 La Oreja De Van Gogh - Mi Pequeño Gran Valiente

Todos se fueron
Tú te quedaste de pie
Junto a mi cama, tratando de comprender
Tú te pusiste de puntillas, me colocaste en la sien
Tu tirita favorita, para que me ponga bien
Pero mi pequeño, está vez mucho me temo, que no bastarán tus poderes
Tienes que ser fuerte
Mi pequeño gran valiente
Tienes que intentar sonreír
Porque mientras no me olvides, no me habré marchado del todo
Mientras puedas recordarme, yo estaré dónde tú estés
Y aunque los años te pinten, nieve blanca sobre el pelo
Serás siempre mi pequeño dónde quiera que yo esté
Me voy en calma, no me da miedo partir
Que los ángeles existen, lo supe cuando te ví
Si vienen noches sin estrellas, si tienes frió al dormir
Si necesitas que te arropen, quiero que pienses en mí
No llores mi cielo, no me gusta verte feo
Vas a hacer que llore contigo
Piensa en cómo derrotamos a los monstruos del armario
Recuerda que la fuerza está en ti
Porque mientras no me olvides, no me habré marchado del todo
Mientras puedas recordarme, yo estaré dónde tú estés
Y aunque los años te pinten nieve blanca sobre el pelo
Serás siempre mi pequeño, donde quiera que yo esté
Porque mientras no me olvides, no me habré marchado del todo
Mientras puedas recordarme, yo estaré dónde tú estés
Y aunque los años te pinten nieve blanca sobre el pelo
Serás siempre mi pequeño, donde quiera que yo esté
Serás siempre mi pequeño, donde quiera que yo esté
Serás siempre mi pequeño, donde quiera que yo esté.


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1. La inteligencia sin amor, te hace perverso.
2. La justicia sin amor, te hace implacable.
3. La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.
4. El éxito sin amor, te hace arrogante.
5. La riqueza sin amor, te hace avaro.
6. La docilidad sin amor, te hace servil.
7. La castidad sin amor, te hace orgulloso.
8. La pobreza sin amor, te hace miserable.
9. La verdad sin amor, te hace hiriente.
10. La autoridad sin amor, te hace tirano.
11. El trabajo sin amor, te hace esclavo.
12. La sencillez sin amor, te hace mediocre.
13. La oración sin amor, te hace un farsante.
14. La ley sin amor, te esclaviza.
15. La amistad sin amor, te hace utilitario.
16. La fe sin amor, te hace fanático.
17. La cruz sin amor, se convierte en tortura.
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